La brisa acaricia mis
brazos desnudos al calor del sol, y por mas expuestos que estén a los “Rayos
UV” no lograran un color uniforme con el resto de mi piel, la hierva coquetea
con mis piernas causándome unos ligeros cosquilleos que me hacen sonreír; estoy
en mi escondite secreto, un lugar que descubrí a los siete años tratando de
ocultarme de mi madre y que ahora diez años después sigue igual, con la pequeña
laguna luciendo sus muy ligeras olas y la hierva de un color verde vivo y de
una altura de cinco centímetros, además de que aun sigue en pie el viejo árbol
a las orillas de la laguna y aun cuelga de la rama mas fuerte una vieja llanta
que es usada como mecedora. Estoy aquí
(en mi lugar mágico) ocultándome del mundo solo por su causa, solo por el.
Abrazo mis piernas y oculto
mi cara entre las rodillas, no evito derramar una que otra lagrima; soy
cobarde, lo se, pero el causante de todo esto es el… el amor.
Edgar es… perfecto, y no en
la definición humana, el es perfecto en mi definición y en todos los sentidos,
es alto, ojos hermosos, lindo cabello y mas importante aun, es amable con migo,
el sabe cuando sonreírme, me conoce a la perfección; entonces porque tenia que
coquetear con Miranda, ¡Le sonrío, justo como me sonríe a mi!, no evito soltar
un suspiro, el no me pertenece (por desgracia); son celos enfermizos, el solo
será mi mejor amigo; aunque en este preciso momento no esta haciendo muy bien
su trabajo; el me miro salir furiosa y con los ojos rojizos cuando los mire
juntos, cuando lo mire sonriéndole a
Miranda y acomodándole detrás de la oreja un cabello suelto de su coleta
(cabello tonto que se suelta cuando no debe).
Edgar debería estar aquí a
mi lado diciéndome, todo esta bien, siempre seré tu mejor amigo, no te
preocupes (el es el único ser de este mundo, que sabe que me escondo en este
lugar), lo mas seguro es que se quedo con “Miranda”, una porrista alta de
cabello rojizo, largo y ondulado, pecas y ojos verdes, todo una singularidad, y
lo mas importante de todo… me causa bilis el solo
verla; podría haber sido cualquier otra chica, la que fuese, aunque tuviese
tatuajes no importa, pero ¿¡Miranda, en serio!?
—
¿Sam, donde estas?— era el,
quizá el remordimiento al fin había aparecido.
—
Deberías saberlo ¿no, o ya
no eres mi mejor amigo Edgar? — me paso el dorso de la mano por los ojos para
limpiarme las lagrimas y aprovecho para acomodarme el tirante de mi blusa; el
se sienta junto a mi lado y me pasa su brazo por los hombros, me da un liguero
apretón.
—
Siempre serás mi mejor amiga, y tu bien lo sabes.
—
¿y que con Miranda, ella será tu novia? — escucho su ligera risa.
—
Sam, tu sabes que prefiero a las castañas con cabello
mas aplacado. — me dijo mientras jugueteaba con un mechón de
mi cabello café que se levanto con una pequeña ráfaga de viento.
—
No juegues Edgar. — dije
molesta.
—
No quería decirlo así,
pero, no me dejas otra opción.
—
Te gusta miranda, anda ve a
besuquearte con ella.
—
Estas equivocada Sam, ella
solo me utilizo, ya sabes que me cuesta mucho negarme a hacer un favor…
—
Sobretodo si proviene de
Miranda ¿No?— susurre molesta.
—
¿Me permites continuar?, —
Solo hice una seña para que prosiguiera. — ella quería causarle celos a su
novio, son un par de locos los dos, agradezco que no tengo golpes.
—
No te creo, yo pienso que a
ti te gusta Mira…
—
¡Sam, me gustas tu!, — me
quede callada y el se puso rojo — lo… lo siento, no era mi intención… — intento
ponerse de pie, yo lo tome de la mano e
hice que me mirara a mis oscuros ojos
—
¿Es verdad eso que dices?
—
Si… claro, no te moles….
—
No me molesto, pero… mejor
cállate y bésame. — lo acerque a mis labios, a el lo tomo la sorpresa pero no
duro demasiado; coloco sus manos sobre mi espalda y las mías las puse en su
nuca; nos besamos ignorando el espectáculo del amanecer, ignorando el pasar del
tiempo, nos besamos amándonos.
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