domingo, 5 de septiembre de 2010

Afuera.

El mismo olor de siempre me despierta, la ciudad a comenzado a despertar, los autos comienzan a andar y dejando por doquier su fétido olor; la ciudad se cae en pedazos y dudo que se pueda levantar, la gente ya no cree en el amor, no cree en nada, todos son grupos sociales, estoy harto de eso, tomo una taza de café e inicio a caminar para ir a mi trabajo, un anciano llama mi atención al otro lado de la calle, haciendo que me desvíe de mi camino, me doy cuenta que ese lugar no lo conozco, pensaba que conocía toda la ciudad, pero ese lugar tan cerca de mi hogar es completamente desconocido para mi, solo me acerco al anciano rápidamente y le doy unas cuantas monedas, me giro para regresar por mi camino común porque aquel lugar comienza a asustarme, pero para mi sorpresa ya ha caído el crepúsculo y la luna brilla sobre mi cabeza, con una intensidad efímera, inicio a avanzar por aquel tétrico lugar, y entre mas dentro estoy mas afuera me siento, inicio a pensar que la ciudad no existe pero a la vez me siento poco seguro, me siento sin nada, me siento… libre.

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